Commercial Treaty Between Spain and Morocco (1861)

Contributed by C. R. Pennell, National University of Singapore


EN EL NOMBRE DE DIOS TODOPODEROSO

Deseando los muy poderosos Príncipes Su Majestad la Reina de las Españas y Su
Majestad el Rey de Marruecos facilitar en todo lo posible las relaciones comerciales entre sus
respectivos súbditos, con arreglo á las mútuas  necesidades y reciproca
conveniencia, y jugando oportuno determinar al mismo tiempo con fijeza las atribuciones
consulares y privilegios de que gozan los españoles en Marruecos, así en lo relativo
á la jurisdicción, como en lo que toca al ejercicio de otros derechos, en
cumplimiento de lo estipulado en los artículos trece y catorce del Tratado de paz firmado
en Tetuan á 26 de Abril de 60, y en el quinto del celebrado en Madrid á 30 de
Octubre  de este año, han nombrado por sus Plenipotenciarios, á saber:  

Su Majestad la Reina de las Españas, á Don Saturnino Calderon Collantes,
Ministro que ha sido de la Gobernación y de Comercio, Instruccion y Obras publicas,
Senador del Reino, Gran Cruz de las Reales Ordenes de Carlos III  y de Isabel la Católica,
Gran Cordon de la Imperial de la Legion de honor de Francia y de la de Leopoldo de
B´lgica, Gran Cruz de la Pontificia de Pio IX, de la de Luis de Hesse Darmstadt, de la de
Danebrog de Dinamarca, de la de la Estrella Polar de Suecia, de la de San Genaro de las Dos
Sicilias, de la de la Concepcion de Villaviciosa de Portugal y de la de los Gelfos de  Hanover,
etc., Su Primer Secretario de Estado y del Despacho;  Y Su Majestad el Rey de Marruecos,
á Su Embajador Plenipotenciario el Califa del Príncipe de los creyentes, hijo del
Príncipe de los creyentes, Muley-El-Abb´s. 

 Los cuales, despues de haber exhibido sus respectivos Plenos Poderes,  hallándolos en
buena y debida forma, han convenido en los artículos siguientes: 

 Artículo I. Habrá perpetua paz y amistad entre Su Majestad la Reina de
España y Su Majestad el Rey de Marruecos y entre sus respectivos súbditos. 

 Art. 11. Su Majestad la Reina de España podrá nombrar Cónsul general,
Cónsules, Vicecónsules y Agentes consulares en todos los dominios del Rey de
Marruecos. 

Estos funcionarios tendrán facultad para residir en cualquiera de los puertos de mar
ó ciudades marroquíes que elija el Gobierno español y juzgue á
propósito para el mejor servicio de Su Majestad Católica. 

Art. III. Al Encargado de Negocios de España ó á cualquier otro Agente
diplomático acreditado por Su Majestad Católica cerca del Rey de Marruecos,
así como tambien al Cónsul general, Cónsules, Vicecónsules y
Agentes consulares españoles que residan en los dominios del Rey de Marruecos, se les
tributarán los honores, consideracion y distinciones debidos á su rango. 

 Estos Agentes, sus casas y familias gozarán de absoluta inmunidad y de plena seguridad y
proteccion. Nadie podrá molestarlos ni faltarles en lo más mínimo ni de
palabra ni de obra, y si alguno infringiere esta prescripcion, recibirá un severo castigo que
sirva de pena para el delincuente y de ejemplo para los demás. 

 El Encargado de Negocios ó Cónsul general podrá escoger libremente sus
int´rpretes y criados entre los súbditos musulmanes ó de cualquier otro
país. Sus int´rpretes y criados estarán exentos de toda contribucion personal
y directa, ya sea por capitacion, impuesto forzoso ó cualquiera otra carga semejante
ó análoga. 

 Los Cónsules, Vicecónsules ó Agentes consulares que residan en los
puertos á las órdenes del mencionado Encargado de Negocios ó
Cónsul general, podrán nombrar un int´rprete, un guarda y dos criados, ya
sean musulmanes, ya súbditos de otro país; y ni el int´rprete, ni el guarda, ni
los criados estarán obligados á pagar impuestos de capitacion, contribucion forzosa
ó cualquiera otra carga semejante ó análoga.

Si el referido Encargado de Negocios ó Cónsul general nombrase
Vicecónsul ó Agente consular en un puerto marroquí á un
súbdito del Rey de Marruecos, tanto ´ste como los individuos de su familia que
habiten en su misma casa, serán respetados y estarán exentos del pago de los
impuestos de capitacion ú otras cargas semejantes ó análogas; pero dicho
Vicecónsul ó Agente consular no deberá tomar bajo su proteccion á
ningun súbdito del Rey de Marruecos, á excepcion de los miembros de su familia
si habitan en la misma casa.

El Encargado de Negocios ó Cónsul general, los Cónsules,
Vicecónsules y Agentes consulares de Su Majestad Católica, tendrán un
lugar destinado para la celebracion del culto; podrán izar la bandera nacional en todos
tiempos en lo alto de las casas que ocupen, ya sea en la ciudad, ya fuera de ella, y largarla
tambien en sus buques cuando se embarquen. 

Los efectos, muebles ó cualquiera otro artículo que importen dichos Agentes para
su propio uso ó para el de sus familias, siempre que no fueren comerciantes,
estarán exceptuados de impuestos, y no se pondrá impedimento alguno para su
introduccion en los dominios del Rey de Marruecos; pero el Encargado de Negocios ó
Cónsul general, los Cónsules, Vicecónsules ó Agentes consulares
deberán entregar á los Oficiales de las Aduanas una nota escrita especificando el
número de artículos que deseen introducir. 

Si el servicio de su Soberana exigiere la presencia de algun Agente español en su propio
país, y se nombrase otra persona para que lo representara durante su ausencia, será
´sta reconocida por el Gobierno marroquí, y gozará de las mismas
consideraciones, derechos y privilegios que aquel. En este caso el referido Agente podrá ir
y volver con entera libertad con sus criados y efectos, no cesando en ninguna circunstancia de ser
atendido y respetado.  
El Encargado de Negocios ó cualquier otro Agente diplomático, Cónsul
general, Cónsules, Vicecónsules, Agentes consulares ó delegados por
cualquiera de estos Representantes de Su Majestad Católica, tendrán perfecto
derecho á toda prerrogativa ó privilegio que hoy disfruten ó que en lo
sucesivo se conceda á los Agentes de igual clase de cualquiera otra Nacion. 

 Art. IV. Los súbditos de Su Majestad Católica podrán viajar, residir y
establecerse libremente en los dominios del Rey de Marruecos, sujetándose á los
reglamentos de policia aplicables á los súbditos ó ciudadanos de la Nacion
más favorecida. 

Art. V. Cuando los españoles compren en el Imperio de Marruecos, con permiso de las
Autoridades, casas, almacenes ó terrenos, podrán disponer libremente de su
propiedad, en uso de su dominio, sin que nadie se lo estorbe. 

 Siempre que alquilen casas ó almacenes por tiempo y precio determinados no se les
subirán los arrendamientos durante aqu´l, ni desalojará de ellos. 

 Del mismo modo los marroquíes podrán comprar y alquilar casas, almacenes
ó terrenos en España con arreglo á las leyes españolas. 

 No se podrá obligar á los súbditos españoles, bajo ningún
pretexto, á pagar impuestos ó contribuciones. 

 Estarán exentos de todo servicio militar, tanto por tierra como por mar, así como
de cargas personales, de empr´stitos forzosos y de cualesquiera otro arbitrio extraordinario.

Serán respetadas sus casas, almacenes y todo lo que á ellos pertenezca,  ya
est´ destinado para objeto de comercio ó para habitacion, y no se les obligará
á que hospeden ni mantengan á nadie contra su voluntad. No se podrá
practicar registro ó visita arbitraria en las casas de los súbditos españoles, ni
examinar ó inspeccionar sus libros, papeles ó cuentas. Estas medidas
podrán sólo egecutarse de conformidad y en virtud de órden expresa del
Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul ó Agente consular del mismo. 

 Su Majestad el Rey de Marruecos se obliga á que los súbditos españoles
residentes en sus Estados ó dominios gocen en sus personas y propiedades de seguridad
tan completa como tienen derecho á gozar los súbditos marroquíes en el
territorio de Su Majestad Católica. 

 Por su parte Su Majestad Católica se obliga á asegurar á los
súbditos de Su Majestad Sherifiana que residan en sus dominios la misma proteccion y
privilegios que disfruten en el dia ó puedan disfrutar en adelante los súbditos de la
Nacion más favorecida. 

 Art. VI. Se permitirá libremente el ejercicio de la Religion Católica á todos
los súbditos de la Reina de España en los dominios de Su Majestad
Marroquí, y podrán celebrar los oficios propios de ella en sus casas y en las
Iglesias establecidas al efecto. 

 Tendrán un lugar destinado para la sepultura de los muertos, y ninguna Autoridad ni
súbdito marroquí turbará las ceremonias de los entierros, ni los molestara al
ir ó al volver de los cementerios, que serán respetados por todos. 

 Asimismo podrán los marroquíes existentes en España ejercer
privadamente, como lo han practicado hasta ahora, los actos propios de su religion. 

 Art. VII. Los súbditos españoles tendrán ámplia facultad para
emplear á cualquiera persona de su confianza en sus negocios, por tierra ó por mar,
sin ninguna prohibicion ni impedimento. 

 Si aconteciese que un comerciante español tuviere necesidad de visitar un buque, surto
dentro ó fuera de cualquiera de los puertos del Rey de Marruecos, se le permitirá ir
á bordo de dicho buque, solo ó acompañado de cualquiera persona, sin que
ni el ni los que le acompañen est´n sujetos por esto al pago de ninguna contribucion
forzosa. 

 Art. VIII. Ningun súbdito ni protegido de Su Majestad la Reina de España
será responsable de las deudas de sus conciudadanos, á no ser que se haya
constituido garante de ellas en documento escrito y firmado de su mano. 

 La misma regla será aplicable en España á los súbditos del Rey de
Marruecos. 

 Art. IX. Cualquiera español que cometa en los dominios marroquíes algun
escándalo, insulto ó crimen que merezca correccion ó castigo será
entregado á su Cónsul general, Cónsules, Vicecónsules ó
Agentes consulares, para que con arreglo á las leyes de España se lo imponga,
ó remita á su país con la seguridad correspondiente, siempre que el caso lo
requiera. 

Art. X. El Cónsul general de España, Cónsules, Vicecónsules
ó Agentes consulares serán los únicos Jueces ó árbitros para
conocer de las causas  criminales, pleitos, litigios ó diferencias de cualquier g´nero,
así civiles  como comerciales, que se susciten entre los súbditos españoles,
residentes en  Marruecos, sin que ningun Gobernador, Kadi ú otra cualquiera Autoridad 
marroquí pueda mezclarse en ellos.  

Art. XI. Las causas y querellas criminales, los pleitos, litigios (S diferencias de cualquier
g´nero que sean, en materia civil ó comercial, que se susciten entre súbditos
españoles v marroquíes, se decidirán de la siguiente manera: 

 Si el actor ó demandante fuese súbdito español y el demandado ó reo
súbdito marroquí, será Juez de la causa el Gobernador de la ciudad distrito,
ó el Kadi, segun que el caso pertenezca á la jurisdiccion del uno ó del otro.
El súbdito español interpondrá su demanda ante el Gobernador ó
Kadi por medio del Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul ó Agente
consular de España, los cuales tendrán derecho á asistir al Tribunal durante
el juicio. 

 Del mismo modo si el actor fuese súbdito marroquí y el reo súbdito
español, el caso se someterá solamente al conocimiento y decision del
Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul ó Agente consular de
España. El actor presentará su demanda por conducto de las autoridades
marroquíes, y el Gobernador marroquí, Kadi ó cualquiera otro empleado
elegido por ellos, estarán presentes, si así lo desean, durante el juicio y decision de
la causa. 

 Si el querellante ó litigante español ó marroquí no se conformase
con la decision del Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul ó Agente
consular, ó del Gobernador ó Kadi, segun que el asunto pertenezca á los
Tribunales de unos ú otros, tendrán derecho para apelar respectivamente al
Encargado de Negocios de España ó al Comisionado Marroquí para los
negocios extranjeros. 

Art XII
Si un súbdito español persiguiese ante un tribunal marroquí á un
súbdito del Rey de Marruecos por una deuda contraida en los dominios de la Reina de
España, deberá presentar un documento de reconocimiento de la misma, escrito en
caracteres europeos ó árabes, y firmado por el deudor marroquí en
presencia y con el testimonio del Cónsul, Vicecónsul ó Agente consular de
su nacion, ó bien ante dos testigos cuyas firmas hayan sido ó sean  despues
reconocidas por el Cónsul marroquí, Vicecónsul ó Agente consular, 
ó por un Escribano español cuando no resida en aquel lugar ninguno de dichos
Agentes. Este documento así legalizado y certificado por el Cónsul
marroquí, Agente consular ó Escribano español, tendrá completa
fuerza y valor  en los Tribunales  de Marruecos.

 Si aconteciese que un deudor marroquí se escapase á alguna ciudad ó 
plaza de Marruecos donde no residiese Cónsul ó Agente consular de España,
el Gobierno marroquí obligará al deudor á ir á Tánger
ó á cualquier otro puerto ó ciudad de Marruecos donde el acreedor
español desee proseguir su   demanda ante el Tribunal marroquí.  

Art. XIII. Si el Cónsul general de España ó alguno de los Cónsules,
Vicecónsules ó Agentes consulares españoles impetrasen en alguna ocasion
del Gobierno marroquí la asistencia de soldados, guardias, embarcaciones armadas
ó cualquier otro auxilio con el fin de arrestar conducir algun súbdito
español, la peticion será otorgada desde luego mediante el pago de los derechos que
en casos análogos satisfagan los súbditos marroquíes. 

 Art. XIV. Cuando algun súbdito del Rey de Marruecos fuese considerado por el
Kadí culpable de falso testimonio en perjuicio de algun súbdito español,
será castigado severamente por el Gobierno marroquí con arreglo á la Ley
Mahometana. 

 Del mismo modo el Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul ó Agente
consular español cuidarán de que cualquier súbdito de Su Majestad
Católica, culpable de igual agravio contra un súbdito marroquí, sea
castigado con arreglo á las Leyes españolas. 

 Art. XV. Los súbditos ó protegidos españoles, tanto cristianos como
mahometanos y hebreos, gozaran igualmente de todos los derechos y privilegios concedidos por
este Tratado y de los que se concedan en cualquier tiempo á la Nacion más
favorecida. 

 Art. XVI. En todas las causas criminales, diferencias, desavenencias ó litigios que se
suscitaren entre los súbditos españoles y los súbditos ó ciudadanos de
otras naciones extranjeras, ningun Gobernador, Kadí ú otra Autoridad
marroquí tendrá derecho á intervenir ó conocer, á no ser que
algun súbdito marroquí hubiese recibido por ello algun agravio en su persona
ó perjuicio en su propiedad, en cuyo caso la Autoridad marroquí ó alguno
de sus Representantes tendrá derecho á hallarse presente en el Tribunal del
Cónsul. 

 Tales causas se resolverán únicamente en el Tribunal de los Cónsules
extranjeros, sin intervencion del Gobierno marroquí, con arreglo á los usos
establecidos ó á los que puedan concertarse entre dichos Cónsules. 

 Art. XVII. Las Altas Partes Contratantes han convenido en no recibir, á sabiendas, ni
mantener á su servicio súbdito alguno que hubiere desertado del Ejercito, Armada
ó presidios respectivos. 

 Los súbditos de Su Majestad Católica que desertaren del Ejercito, de la Armada
ó de los presidios españoles serán conducidos desde luego que lleguen al
territorio de Marruecos, á la presencia del Cónsul general de España,
quedando á su disposicion para cumplir respecto á ellos lo que ordene el Gobierno
español y pagando ´ste los gastos de conduccion y manutencion de dichos
desertores.  

Obligándose el Gobierno marroquí por el presente artículo á
entregar espontáneamente los desertores españoles, no será obstáculo
para ello el pretexto alegado hasta ahora de abrazar el mahometismo para eludir la pena á
que se hayan hecho acreedores.  

Art. XVIII. Si un individuo de la tripulacion de un buque de cualquiera de las Partes Contratantes
desertase hallándose en un puerto de la otra, las Autoridades locales estarán
obligadas á prestar la asistencia necesaria para su aprehension al Cónsul,
Vicecónsul ó Agente consular que lo reclame, y nadie amparara ni dará
asilo á estos desertores. 

 Las Altas Partes Contratantes convienen en que los marineros y otros individuos de la
tripulacion, súbditos del país en que tenga lugar la deserción, así
como los esclavos marroquíes que desertaren en los puertos españoles,
estarán exceptuados de las estipulaciones contenidas en el párrafo anterior. 

 Art. XIX. Todo súbdito de la Reina de España que se hallare en los dominios del
Rey de Marruecos, ya en tiempo de paz, ya en tiempo de guerra, tendrá libertad absoluta
para retirarse á su propio país ó á cualquiera otro en buques
españoles ó de cualquiera otra Nacion, y podrá tambien disponer como le
plazca de sus propiedades, de cualquier especie, y llevarse consigo el valor de todas las dichas
propiedades así como sus familias y dependientes, aun cuando hayan nacido ó se
hayan criado en Africa ó en cualquier otra parte fuera de los dominios españoles,
sin que nadie pueda intervenir en ello ó impedirlo con pretexto alguno.  

Los súbditos españoles deberán no obstante obtener el consentimiento del
Cónsul general, Vicecónsul ó Agente consular de su Nacion para que sepan
estos si se hallan libres de deudas ó de cualquiera otra clase de obligaciones, que
deberán dejar solventes antes de su salida, y de ningun modo serán responsables
dichos Agentes del pago de las deudas que contraigan los españoles en Marruecos, si
expresamente no se hubiesen obligado bajo sus firmas á satisfacerlas.  

Todos los derechos mencionados serán igualmente garantidos á las súbditos
del Rey de Marruecos que se hallaren en los dominios de Su Majestad Católica.

Art. XX. El Cónsul general, Cónsules, Vicecónsules ó Agentes
consulares de Su Majestad Católica deberán expedir gratuitamente á todo
súbdito  marroquí que se dirija á España el pasaporte
correspondiente, sin cuyo requisito no podrá ser recibido en los dominios
españoles.  

Art. XXI. Si este Tratado entre ambas Partes Contratantes se infringiere, y de resultas de esta
infraccion se declarase la guerra (lo que Dios no quiera), todos los empleados y súbditos
de la Reina de España y los que est´n bajo su proteccion, de cualquiera clase y
categoría que sean, que se encuentren entonces en los dominios del Rey de Marruecos,
podrán marchar á cualquier parte del mundo que quieran y llevar consigo sus
bienes y haciendas, sus familias y criados, bien hayan ó no nacido españoles, y se
les permitirá embarcar á bordo de cualquier buque de cualquiera Nacion que elijan.
Se les concederá además un plazo de seis meses, si lo piden, para arreglar sus
asuntos, vender sus g´neros ó hacer lo que gusten con sus bienes; y durante este
plazo de seis meses, gozarán de completa seguridad y perfecta libertad respecto de sus
personas y propiedades, sin intervencion, agravio ni embarazo de ningun g´nero por razon
de dicha guerra. Los Gobernadores ó Autoridades los ayudaran y ampararan en el arreglo
de sus negocios, y los protegerán para el cobro de sus deudas sin dilacion, controversia
ó demora. 

Iguales facilidades se concederán á los súbditos del Rey de Marruecos en
todos los dominios españoles. 

 En el caso inesperado de un rompimiento, Su Majestad el Rey de Marruecos, se obliga á
respetar á los Oficiales, soldados y marineros españoles cogidos durante la guerra,
como prisioneros de ella, tratándolos como tales y no como esclavos, canjeándolos
sin distincion de personas, clases ni graduaciones, lo más pronto que sea posible, sin pasar
por ningun caso el tiempo de un año desde que fueron cogidos, exigiendo un recibo de
estos al tiempo de su entrega para el arreglo del canje sucesivo; no considerándose como
tales prisioneros de guerra, las mujeres, los niños, ni los ancianos, los cuales desde que
sean aprehendidos se pondrán en libertad, y en embarcaciones parlamentarias ó
neutrales se trasportarán á su país, siendo los gastos de estas conducciones
de cuenta de la Nacion á que correspondan dichos prisioneros: lo que ofrece asimismo
observar Su Majestad Católica, empeñando mútuamente las dos Altas Partes
Contratantes el sagrado de su Real palabra para el cumplimiento exacto de lo contenido en este
artículo. Y caso de que fenecida la guerra haya algun exceso de prisioneros, se dará
por concluido este asunto sin que se entable solicitud á este respecto, devolviendo los
recibos la Parte que los tuviere. 

 Art. XXII. Si algun súbdito español falleciese en los dominios del Rey de
Marruecos, ningun Gobernador ni empleado marroquí podrá, bajo pretexto alguno,
disponer de los bienes ó de las propiedades del difunto, y nadie intervendrá en ello. 

 De todas las propiedades y bienes pertenecientes al difunto, y de cuanto se hallase en su poder al
tiempo de su muerte, entraran inmediatamente en posesion las personas designadas por el para tal
objeto y nombradas como herederos en su testamento si estuviesen presentes; y en caso de que se
hallaren ausentes los herederos, el Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul y
Agente consular, ó quien delegaren estos, tomarán posesion de toda su propiedad y
efectos, despues de hacer inventario ó lista de ellos, expresando cada objeto claramente,
hasta que los entreguen al heredero del difunto. Mas si este no hubiese dejado disposicion
testamentária, el Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul, Agente
consular ó su delegado tendrán derecho á tomar posesion de todos los
bienes de la sucesion y conservarlos para las personas llamadas por la ley á heredarle. Si
el difunto dejase deudas á su favor contra súbditos marroquíes, el
Gobernador de la ciudad, ó quienes para ello fueren competentes, obligarán
á los deudores á satisfacer el importe de sus cr´ditos, al Cónsul
general, Cónsul, Vicecónsul, Agente consular ó á su delegado; y
asimismo si el difunto dejase deudas á favor de algun súbdito del Rey de
Marruecos, el Cónsul general, Cónsul, Vicecónsul, Agente consular
ó su delegado ampararan al acreedor para el cobro de lo que reclame del abintestato
ó de la testamentaria.

Si muriese en España un súbdito marroquí, el Comandante, Gobernador
ó Justicia del territorio donde falleciere, pondrán en custodia lo que haya dejado, y
avisarán al expresado Cónsul general español, enviándole nota de lo
que sea, para que ´l lo haga saber á sus herederos y proporcione su recaudacion sin
extravío.

Art. XXIII. Los buques de ambas Naciones podrán arribar libremente á los puertos
de cualquiera de ellas. 

 Las embarcaciones mercantes deberán ir habilitadas de papeles por las Oficinas
correspondientes, y podrán permanecer en dichos puertos todo el tiempo que les convenga
para sus operaciones de comercio. 

 Art. XXIV. Todo buque marroquí que salga con destino á España de algun
puerto, deberá llevar el registro de su cargamento y la patente de sanidad, formalizados
por el Cónsul, Vicecónsul ó Agente consular de España en el puerto
de partida. 

 Art. XXV. Para evitar los abusos á que puede dar lugar la libre navegacion de los
cárabos rifeños, han acordado las dos Partes Contratantes que los arraeces ó
patrones de dichas embarcaciones deban proveerse de un pasaporte de los Gobernadores de las
plazas españolas en la costa del Mediterráneo, ó de los Cónsules
españoles cuando se habiliten en un puerto donde residan dichos Agentes, cuyo documento
les será expedido gratuitamente y les servirá de salvoconducto para su trafico legal.

Art. XXVI. Su Majestad Católica y Su Majestad el Rey de Marruecos se obligan á
destruir la piratería por todos los medios que est´n á su alcance, y Su
Majestad Sherifiana se compromete particularmente á hacer todos los esfuerzos posibles
para descubrir y castigar á los que en sus costas ó en el interior de sus dominios se
hagan culpables de este crimen, así como á auxiliar á Su Majestad
Católica con este objeto. 

 Art. XXVII. En prueba de la buena armonía que ha de reinar entre las dos Naciones,
siempre que los buques marroquíes apresasen alguna embarcacion enemiga y hubiese en
ella marineros ó pasajeros españoles, mercancías y cualquier otra propiedad
que pueda corresponder á súbditos de Su Majestad Católica, los
entregarán libremente á su Cónsul general, con todos sus bienes y efectos,
en el caso que regresen á los puertos de Su Majestad Marroquí pero si antes tocan
en alguno de los de España, los presentarán en iguales t´rminos á su
Comandante y Gobernador: y de no poder verificarlo de una ó de otra manera, los
dejarán con toda seguridad en el primer puerto amigo donde arriben. 

 Lo mismo practicarán los buques españoles con los súbditos y haberes de
los de Su Majestad Marroquí que encuentren en los buques enemigos apresados,
extendi´ndose esta buena armonía y el respeto que se debe tener por  la bandera de
ambos Soberanos á conceder la libertad de personas y bienes  de los súbditos de
Potencias enemigas de una y otra Nacion que naveguen en embarcaciones españolas
ó marroquíes con pasaportes legítimos en que se expresen los equipajes y
efectos que les pertenecen, con tal de que estos no sean de los que prohibe el derecho de la
guerra.  

Art. XXVIII. Si algun buque español con patente en regla capturase un  buque y se
abrigase con el en los dominios del Rey de Marruecos, los apresadores tendrán lo facultad
de vender el buque ó el cargamento apresados sin obstáculo por parte de persona
alguna, y tendrán plena libertad para salir con su presa y conducirla á cualquiera
otra parte que les plazca.  

Art. XXIX. Los buques de ambas Naciones, así de guerra como mercantes, que por otros
de cualquiera Potencia que estuviese en guerra con una de ellas fuesen atacados en puertos
ó donde hubiere fortalezas, serán defendidos por los fuegos de estas ó de
aquellos, deteniendo á los buques enemigos sin permitirles que cometan hostilidad
alguna, ni que salgan de los puertos hasta veinte y cuatro horas despu´s de haberse hecho
á la vela las embarcaciones amigas.  Las dos Partes Contratantes se obligan tambien
á reclamar recíprocamente de la Potencia enemiga de cualquiera de ellas la
restitucion de las presas que se hagan á la distancia de tres millas de sus costas ó
á su vista, si por no serle posible aproximarse á tierra se hallase anclado el buque
apresado.  Finalmente, prohibirán que se vendan en sus puertos los buques de guerra
ó mercantes que fuesen apresados en alta mar por cualquier otra Potencia enemiga de
España ó Marruecos; y caso de que entren en ellos con alguna presa de las dos
Naciones, tomada á la inmediacion de sus costas, en la forma que arriba queda explicada,
la declararán por libre en el mismo hecho,  obligando al captor á que la abandone
con cuanto la hubiese tomado de efectos, tripulacion y demás.

Art. XXX Las embarcaciones de guerra y mercantes de ambas Naciones que se encuentren en
alta mar y necesitasen víveres, aguada ú otra cosa esencial para continuar la
navegacion, se suministrarán mútuamente cuanto tengan en la parte posible,
abonándose su valor al precio corriente.  

Art. XXXI. Si cualquier buque español, tanto de guerra como mercante, entrase en una de
las ensenadas ó puertos del Rey de Marruecos, y tuviese necesidad de provisiones y
víveres podrá comprarlos libres de derechos á los precios del mercado,
advirti´ndose que la cantidad no deberá exceder de lo suficiente para el
mantenimiento del Capitan y tripulacion durante su viaje hasta el punto de su destino, pudiendo
tambien el buque proveerse de lo necesario para el mantenimiento diario de la tripulacion
mientras permanezca anclado en el puerto marroquí. 

Art. XXXII. Los buques fletados por orden del Gobierno español para conducir la
correspondencia oficial ó privada, ó contratados para dicho servicio, serán
respetados y tendrán los mismos privilegios que los buques de guerra si no traen ó
llevan artículos de comercio de ó para un puerto del Rey de Marruecos, en cuyo
caso pagarán los mismos derechos que un buque mercante. 

 Art. XXXIII. Si cualquier buque español arribase á las costas de Marruecos y no
quisiese tomar puerto, ni declarar ó vender la parte de su cargamento no se le
obligará á verificarlo, ni se averiguará por ningun concepto lo que contiene
el buque, pero podrá colocarse á bordo una guardia de aduaneros mientras
permanezca el buque anclado para evitar cualquiera operacion fraudulenta. 

 Art. XXXIV. Si un buque español entrase cargado en alguno de los puertos del Rey de
Marruecos, y sólo quisiese desembarcar la parte de su cargamento que estuviese destinado
á aquella plaza, no estará obligado á pagar más derechos que los
correspondientes á la parte que descargue, y no deberá exigírsele que pague
derecho alguno por el resto del mismo que quede á bordo, sino que estará en
libertad para dirigirse con dicho resto de cargamento  al punto que desee.

El manifiesto de cargo de cada buque deberá á su llegada ser presentado á
los oficiales de la Aduana de Marruecos, á fin de que den permiso para que sea visitado el
buque á su entrada y salida, ó para colocar un guarda á su bordo con objeto
de evitar todo trafico ilegal. 

  La misma regla se observara en los puertos españoles con respecto á los  buques
marroquíes.

El Agente consular español expedirá al Capitan de cada buque á su salida de
un puerto de Marruecos un certificado del manifiesto del cargamento, en que deberán
constar los artículos que exportare. Los Capitanes presentaran este documento á
los Administradores de las Aduanas marroquíes, cuando así lo exijan, con objeto
de que puedan cerciorarse de que no se han embarcado artículos de contrabando. 

Art. XXXV. A ningun Capitan de un buque español en un puerto de Marruecos, y á
ningun Capitan de un buque marroquí en un puerto español, podrá
compelerse de modo alguno á que conduzca contra su voluntad pasageros ni
mercancías de ningun g´nero, ni se les obligara tampoco á darse á la
vela con destino á un punto donde no quiera dirigirse, y su buque no será
molestado de modo alguno. 

 Art. XXXVI. Si alguno de los súbditos del Rey de Marruecos fletase un  buque
español para conducir mercancías ó pasajeros de un puerto á otro de
los dominios marroquíes, y si en el trascurso de su viaje dicho buque se viese obligado
por el temporal ó por accidente de mar á entrar en diferente puerto de los mismos
dominios, el Capitan no tendrá que pagar derecho de anclaje ó cualquier otro por
su entrada en aquel puerto; pero si dicho buque descargase ó tomase á bordo en el
mismo puerto algun cargamento, será tratado como cualquier otro buque.  

Art. XXXVII. Cualquiera buque español que sufra averías en la mar y  entre en
alguno de los puertos del Rey de Marruecos para repararse, será admitido y auxiliado en
todas sus necesidades, durante su estancia en el mismo, por el tiempo que tarde en hacer las
reparaciones ó hasta su partida para el punto de su destino. Si los artículos
requeridos para reparar el buque se hallaran de venta en dicho puerto, se compraran y pagaran
á los mismos precios que acostumbran satisfacer los demás buques, y por ningun
concepto serán molestados, ni se les impedirá continuar su viaje:  
Art. XXXVIII. Si un buque español de guerra ó mercante encallase ó
naufragase en cualquier punto de las costas de Marruecos, será respetado y  amparado en
cuanto necesite, con arreglo á las leyes de la amistad; y dicho buque y cuanto contenga
será conservado y restituido á sus dueños ó al Cónsul general
de España, Cónsul, Vicecónsul, Agente consular ó delegado de estos,
sin menoscabo ni ocultacion de ninguna especie. Si el buque náufrago tuviese á
bordo algunos g´neros que sus propietarios deseasen vender en los dominios
marroquíes, lo podrán hacer libremente sin pagar derecho alguno ni al venderlos ni
al embarcarlos. El Capitan y la tripulacion estarán en libertad de marchar al punto que
quieran y cuando mejor les parezca sin obstáculo alguno.  

Los buques del Rey de Marruecos ó de sus súbditos recibirán igual trato  en
los dominios de Su Majestad Católica, siendo considerados dichos buques 
marroquíes en este caso, para todo lo que se refiera al salvamento, como los buques
españoles.

Si naufragase algun buque español en Vad-Nun ó en cualquier punto de su costa, el
Rey de Marruecos empleará su poder para salvar y proteger al Capitan y á la
tripulacion hasta que vuelvan á su país, y se permitirá al Cónsul
general de España, Cónsul, Vicecónsul, Agente consular ó su
delegado, tomar cuantos informes ó noticias necesiten acerca del Capitan y de la
tripulacion de dicho buque, á fin de poder salvarlos. Los Gobernadores del Rey de
Marruecos auxiliaran igualmente al Cónsul general de España, Cónsul,
Vicecónsul, Agente consular ó su delegado en sus investigaciones, segun las leyes
de la amistad.  

Art. XXXIX. La exaccion en los puertos de Marruecos del derecho de anclaje ó
fondeadero para las embarcaciones mercantes españolas, será desde veinte á
ochenta reales vellon por cada una, segun su clase y toneladas, con 




TARIFA DE LOS DERECHOS DE ANCLAJE ó FONDEADERO 


                                                              Reales Vellon


Hasta 50 toneladas
20


Desde 50 á 100
40


Desde 100 á 150
60


Desde 150 en adelante
80


Art. X. No se exigirá á los buques españoles en los puertos de Marruecos
derecho alguno de pilotaje, Capitanía de puerto, etc., sino los que se exijan á los
nacionales ó á los de la Nacion más favorecida.  En todo caso estos
derechos no podrán exceder de los que se expresan en  las siguientes tarifas:




PILOTAJE OBLIGATORIO EN RABAT Y LARACHE


                                                      C´ntimos de real


Por cada tonelada de los buques á su entrada en el puerto
80


Id. á su salida
id.






PILOTAJE FACULTATIVO O A VOLUNTAD DE LOS CAPITANES EN LOS
PUERTOS DE MARRUECOS


                                                      C´ntimos de real


Por cada tonelada de los buques á su entrada
40


á su salida
id.


Los derechos de Capitanía de puerto no excederán nunca de ocho reales vellon por
buque, cualquiera que sea su porte. 

 Estos derechos, como todos los demás, serán los mismos en todos los puertos del
Imperio. 

 Art. XLI. Los buques españoles que entraren de arribada y salieren sin  hacer operacion de
Comercio estarán exceptuados de toda clase de derechos de fondeadero y de
Capitanía de puerto, sujetándose en cuanto al de pilotaje á las reglas antes
establecidas. 

Los barcos pescadores estarán exentos de toda clase de derechos.  
Art. XLII. Las embarcaciones de guerra de una de las Naciones no pagarán en ninguno de
los puertos de la otra derecho de anclaje ó fondeadero y Capitanía de puerto, ni de
otra clase, por los víveres, aguada, leña, carbon y  refrescos que necesiten para su
consumo.

Art. XLIII. Habiendo acreditado la experiencia que la falta de alumbrado en las costas
septentrionales de Marruecos expone á la navegacion y al Comercio á graves
riesgos y perdidas, y deseosa Su Majestad Marroquí de contribuir á la seguridad de
aqu´lla y al desarrollo de este, en cuanto sea posible, se compromete á construir un
faro en el Cabo de Espartel y á cuidar de su alumbrado y conservacion. 

 Art. XLIV. Habrá recíproca libertad de comercio entre los dominios de Su
Majestad Católica y los dominios del Rey de Marruecos. 

 Los súbditos de Su Majestad Católica podrán traficar en cualquier punto
del territorio marroquí en que se admiten ó admitieren naturales de otros
países extranjeros. 

 Los súbditos españoles podrán comprar y vender á quienes quieran
todos los artículos no prohibidos, por mayor y menor, y en todas partes de los dominios
marroquíes, sin que puedan lastimarse sus intereses por ningun monopolio, contrata
ó privilegio exclusivo de compra ó venta. Además disfrutaran de todos los
derechos, prerogativas y ventajas comerciales que se concedieren en adelante á los
súbditos ó ciudadanos de la Nacion más favorecida. 

 Los súbditos del Rey de Marruecos disfrutarán á su vez en los dominios de
Su Majestad Católica los mismos privilegios y proteccion de que gozan ó gozaren
los súbditos ó ciudadanos de la Nacion más favorecida. 

Art. XLV. Los súbditos de Su Majestad Católica y de Su Majestad el Rey de
Marruecos gozaran de entera libertad de comunicacion con las plazas de Ceuta y de Melilla y sus
inmediaciones, y podrán comprar y vender al por menor todos los objetos de consumo y
los g´neros cuya introduccion y exportacion no est´n prohibidas en el Imperio
marroquí. Las Autoridades y empleados establecidos por el Rey de Marruecos y los de las
plazas expresadas de Ceuta y Melilla protegeran á los súbditos de los dos
Soberanos en el ejercicio de este derecho. 

 Art. XLVI. Bajo ningun pretexto ni por persona alguna se cargará en el territorio
marroquí, fuera de los derechos de exportacion que se mencionan en el artículo
cincuenta, ningun derecho de Aduana, de tránsito ú otro impuesto cualquiera sobre
mercancías ó producciones que hayan sido compradas para su exportacion por
ó á nombre de un súbdito español; pero las citadas mercancías
ó producciones serán conducidas de cualquier punto de Marruecos á los
puertos del mismo y embarcadas en ellos libres y exentas de todo derecho de Aduanas, de
tránsito ú otro impuesto cualquiera. No se exigirá pase ó documento
alguno semejante para poder de esta manera introducirlas y embarcarlas en los puertos
marroquíes, ni podrá ningun empleado ó súbdito del Rey de
Marruecos impedir ó poner obstáculo á la conduccion, introduccion
ó embarque de tales mercancías ó producciones (excepto los
artículos cuya exportacion haya prohibido el Rey de Marruecos), ni bajo ningun pretexto
podrán pedir ó percibir dinero sobre dichas mercancías; y en caso de que
algun empleado ó súbdito marroquí obrase en contravencion á esta
estipulacion, su Soberano castigará inmediatamente con toda severidad á dicho
empleado ó súbdito, y hará plena justicia á los súbditos
españoles, indemnizándoles de los perjuicios y perdidas que hayan sufrido y puedan
probar. 

Art XLVII. Los comerciantes españoles en los dominios marroquíes podrán
manejar libremente por sí mismos sus negocios ó encomendarlos al cuidado de
cualesquiera personas nombradas por ellos como corredores ó agentes, y no se les
molestará ni pondrá obstáculo para la libre eleccion de las personas que
pueden desempeñar dichos cometidos. Tampoco tendrán obligacion de satisfacer
salario ó remuneracion alguna en favor de las personas á quienes no hayan querido
nombrar para tales cargos. Los que siendo súbditos del Rey de Marruecos ejerzan estos
oficios, serán tratados y considerados como los demás súbditos
marroquíes.

Tanto el comprador como el vendedor tendrán absoluta libertad para negociar entre
sí, y no se permitirá la menor intervencion por parte de los empleados
marroquíes. Si algun Gobernador ú otro funcionario se mezclase  en las
transacciones entre los súbditos españoles y los marroquíes, ó pusiese
algun impedimento á la compra ó venta legal en los dominios del Rey de
Marruecos de efectos ó mercancías importadas ó exportadas, Su Majestad
Sherifiana castigará severamente á dicho Gobernador ó funcionario.  

Art. XLVIII. Aunque á Su Majestad Marroquí ocurra algun justo motivo para
prohibir la extraccion de granos de sus dominios ó cualesquiera otros g´neros
ó efectos comerciales, no impedirá que los españoles embarquen en los
puertos marroquíes los que tuvieren ya en almacenes ó comprados antes de la
prohibicion (enhorabuena est´n en poder de súbditos de Su Majestad
Marroquí) lo mismo que lo ejecutarían si no se hubiese promulgado la prohibicion,
sin ocasionarles el menor vejamen ni perjuicio en sus intereses. 

 Igualmente se practicará esto en España en el propio caso con los
marroquíes. 

Art. XLIX. No serán prohibidas en el territorio del Rey de Marruecos las
mercancías ó producciones importadas en los puertos marroquíes por
súbditos españoles, cualesquiera que sea la procedencia de aquellas, ni
pagarán desde la fecha de este Tratado mayores derechos que los que satisfagan por  las
mismas mercancías ó producciones los súbditos de cualquier otra Potencia
extranjera ó los nacionales.

Todas las producciones de Marruecos podrán ser exportadas por súbditos
españoles, embarcándolas en los puertos marroquíes con las mismas
ventajas de que disfruten los nacionales ó los súbditos de cualquiera otro
país. 

Art. L. A fin de facilitar el comercio entre España y Marruecos, Su Majestad Sherifiana
promete por el presente que los derechos que deberán cobrarse sobre los artículos
importados en sus dominios por súbditos españoles, no excederán del diez
por ciento sobre avalúo en el punto por donde tenga  lugar la introduccion, y que los
derechos que deberán exigirse sobre los artículos exportados del territorio
marroquí por súbditos españoles no excederán de las cantidades
marcadas en la siguiente: 



                           TARIFA DE EXPORTACION


ARTíCULOS                                               Pesos Fuertes
Onzas


Trigo, por fanega rasada.    
1
>>


Maíz y aldorá, por id. colmada.            
«
>>


Cebada, por id. rasada.  
  «




Toda otra clase de granos por quintal. 
«



Harina, id.
>>
     30


Alpiste, id.
>>
12


Dátiles, id.                                  
>>
40


Almendras, id.                
>>
35


Or´gano, id.                  

>>
10


Naranjas, limones y limas, por millar.
>>
12


Cominos, por quintal.  
>>
20


Aceite, id.   
>>
50


Goma, id.
>>
20


Alheña oriental ó alcana de Oriente, id.  
>>
15


Cera, id.
>>
120


Arroz, id.
>>
16


Lana (lavada), id.
>>
80


Lana (sin lavar), id.
>>
55


Cueros, pieles de oveja y de cabra, id.      
>>
36


Pieles curtidas llamadas tafilete, zawaní y cochinea, id.
>>
100


Astas, por millar.   
>>
20


Sebo, por quintal.
>>
50


Mulas, por cabeza.
25
>>


Asnos, id.
5
>>


Ganado lanar
1
>>


Ganado cabrío, id.
>>
15


Gallinas, por docena.
>>
22


Huevos, por millar
>>
51


Babuchas, por cada ciento.  
>>
70


Puas de puerco espín, por millar.  
>>
5


Greda saponaria, por quintal.
>>
15


Plumas de avestruz, por libra.
>>
6


Espuertas, por cada ciento.
>>
30


Alcaravea, por quintal.
>>
20


Peines de madera, por cada ciento. 
>>
5


Crin ó pelote, por quintal. 
>>
30


Pasas, id. 
>>
20


Fajas de lana, llamadas Cresí, por cada ciento.
>>
100


Tackawt (tinte), por quintal. 
>>
20


Zaleas, id.
>>
6


Cáñamo y lino, id. 
>>
40

   
Si el Rey de Marruecos, en uso de su derecho, prohibiese la exportacion de cualquier
artículo, y luego revocase la prohibicion, no se alterarán los derechos establecidos
en esta Tarifa. Respecto del trigo y de la cebada, si el Rey de Marruecos tuviese á bien
prohibir su exportacion, pero desease vender á los comerciantes los cereales
pertenecientes al Gobierno, lo hará con todas las condiciones y ventajas de que disfrute la
nacion más favorecida. Si el Rey de Marruecos quisiese reducir los derechos sobre
artículos de exportacion, podrá hacerlo sin inconveniente, y los súbditos
españoles pagarán en este caso los derechos más bajos que paguen los
súbditos del pais ó los extranjeros.  Los súbditos marroquíes
pagarán en España los mismos derechos de importacion y exportacion sobre las
mercaderias de su propiedad, cuya salida y entrada est´ permitida, que satisfagan los
súbditos de la Nacion más favorecida. 

Art. LI. Deseando Su Majestad el Rey de Marruecos, en cumplimiento de lo estipulado en el
artículo quince del Tratado de paz firmado en Tetuan á 26 de Abril de 1860
facilitar en lo posible la extraccion de maderas para los  Arsenales de Su Majestad
Católica, conviene en conceder á los súbditos españoles que para ello
se hallen especialmente autorizados por su Soberana  el derecho de hacer cortas en los bosques
de sus dominios, donde sea posible ejecutarlo, sin comprometer la seguridad del territorio ni la
de las personas  que se dediquen á ello, levantando al efecto las barracas, cobertizos y
cercas indispensables para guarecerse de la intemperie, guardar los utensilios y asegurar los
acopios; y gozando de completa libertad y proteccion por parte de las Autoridades indigenas.  El
contrato entre los explotadores súbditos de Su Majestad Católica y el  Gobierno
marroquí para fijar el precio y las condiciones de la explotacion, se se [sic]
celebrará con intervencion del Representante de España en Marruecos, el cual
vigilará el exacto cumplimiento del compromiso contraido por ambas  partes. Las
diferencias que pudieran suscitarse serán dirimidas en última instancia de comun
acuerdo por los respectivos Gobiernos.  El derecho de exportacion de la madera destinada
á los Arsenales de Su Majestad Católica no podrá exceder de doscientos
cuarenta reales vellon por cada cien tablones como hasta aqui. 

Art. LII. Si un súbdito español ó un agente suyo desease conducir por  mar
desde un puerto á otro de los dominios del Rey de Marruecos mercancias  sobre las cuales
se hubiese pagado el derecho de diez por ciento, dichas mercancias no estarán sujetas al
pago de otros derechos ni á su embarque ni á su desembarque, siempre que lleven
certificado del Administrador de la Aduana marroquí. 

Art. LIII. Cualquier artículo producido ó fabricado en Marruecos y adquirido por
un comerciante español ó por sus agentes con el objeto de exportarlo, será
conducido libre de todo derecho d carga al lugar conveniente para su embarque en los puertos. A
su exportacion se abonará únicamente el derecho marcado en la Tarifa consignada
en el artículo cincuenta. 

 Art. LIV. Los súbditos españoles que embarcasen ó desembarcasen
mercancias de buques que lleguen á los puertos de Marruecos, emplearan con dicho
objeto los lanchones del Gobierno marroquí pero si á los dos dias de la llegada de
un buque el Gobierno no hubiese puesto sus lanchones á disposicion de los interesados en
dichas operaciones con el objeto indicado, los súbditos españoles podrán
emplear embarcaciones particulares, en cuyo caso no pagaran á las Autoridades del puerto
sino la mitad de los derechos que hubiesen pagado empleando los lanchones del Gobierno. 

 No podrán aumentarse los derechos de trasbordo que se pagan en la actualidad en los
diferentes puertos de Marruecos, y el Administrador de la Aduana respectiva deberá
entregar al Cónsul, Vicecónsul ó Agente consular español un
ejemplar de la Tarifa de aquellos derechos para su conocimiento.

Art LV. Los artículos de este Tratado serán aplicables á todas las plazas y
puertos de Marruecos abiertos al comercio extranjero, ó que se abrieren en lo sucesivo,
tanto en el Mediterráneo como en el Oc´ano.  

Art. LVI. Si algun súbdito español introdujese fraudulentamente mercancias de
contrabando de cualquiera clase en el territorio marroquí. ó las extrajese del
mismo, las mercancias serán confiscadas y entregado el defraudador al Cónsul,
Vicecónsul ó Agente consular de España, para que le castigue á
proporcion de su culpa. 

 En la misma forma se procederá en España con los súbditos
marroquíes que hagan el contrabando, los cuales serán presos y remitidos al
Cónsul general de Su Majestad Católica, dándole parte de lo ocurrido, para
que el Gobierno marroquí les imponga el castigo correspondiente. 

 Art. LVII. Los súbditos españoles, ya sean habitantes de la Península, islas
Canarias y Baleares ó posesiones de Su Majestad Católica en el continente
africano, tendrán derecho á pescar en las costas del Imperio marroquí. 

 Art. LVIII. Los buques españoles que se dediquen á la pesca en las costas
marroquíes deberán llevar un permiso de las Autoridades maritimas de
España, el cual podrán exhibir si fuese necesario á las Autoridades de
Marruecos en el punto más inmediato al sitio en que intenten hacer la pesca. 

 Art. LIX. Cuando hubiese sospecha de que alguna embarcacion española de pesca se
dedicara al contrabando en las costas marroquíes, sus Autoridades la denunciarán
desde luego al Cónsul ó Agente consular de España más inmediato,
á fin de que examinada la causa de la denuncia, sea absuelto ó castigado el Capitan
ó Patron por sus respectivos superiores, segun las leyes y ordenanzas que rijan en
España. 

Art. LX. A fin de facilitar la pesca del coral á que se dedican los españoles en la
costa de Marruecos, las Altas Partes Contratantes han convenido en que las embarcaciones
españoles puedan dedicarse á dicha pesca en todo el litoral del Imperio
marroquí, pagando la suma anual fija ´ invariable de  ciento cincuenta duros por
cada buque pescador del coral.

Los Capitanes ó Patrones de los buques que hayan de dedicarse á dicha pesca
dirigirán sus solicitudes al Representante de España en Marruecos, quien la
trasmitirá al Encargado de Negocios extranjeros de Su Majestad el Sultán, el cual
expedirá la autorizacion necesaria, sin poner inconveniente ni dificultad alguna, y
recibirá directamente de los Capitanes interesados el importe de los derechos
correspondientes, expidi´ndoles un documento que acredite haber adquirido el derecho de
pescar el coral por el pago de la cantidad estipulada en este artículo. 

 Serán castigados por el referido Representante de Su Majestad Católica los
Patrones de los buques españoles que sean aprehendidos pescando el coral y no acrediten
con el documento expresado haber adquirido el derecho de pesca. Las penas serán
proporcionadas á la naturaleza de la falta. 

 Art LXI. Por el presente Tratado se derogan todas las antiguas estipulaciones ajustadas entre
España y Marruecos, quedando sólo subsistentes el  Convenio firmado en Tetuan
á 24 de Agosto de 1859 y los Tratados celebrados en la misma ciudad de Tetuan y en esta
corte el 26 de Abril de 1860 y ó de Octubre de este año, los cuales conservaran toda
su fuerza y vigor en cuanto no este en oposicion con sus mismas disposiciones.  

Art. LXII. Este Tratado se publicará y notificará á los súbditos de
ambas Potencias, á fin de que ninguno de ellos ignore sus condiciones, y se
enviarán copias á los Gobernadores y Autoridades correspondientes para su
más exacto cumplimiento. 

Art. LXIII. A fin de que las Altas Partes Contratantes puedan más adelante tratar y
convenir en otros arreglos que faciliten todavía más sus mútuas relaciones y
fomenten los intereses de sus respectivos súbditos, se estipula que trascurridos diez
años, á contar desde el dia en se canjeen las ratificaciones del presente Tratado,
cualquiera de las dos Partes Contratantes tendrá derecho de pedir á la otra que se
modifique, pero hasta que se haya hecho dicha modificacion de comun acuerdo, ó
concluido y ratificado un nuevo Tratado, continuará el presente rigiendo con plena fuerza
y vigor. 

 Art. LXIV. El presente Tratado será ratificado por Su Majestad la Reina de España
y por Su Majestad el Rey de Marruecos, y el canje de las ratificaciones se efectuará en
Tánger en el t´rmino de cincuenta días, ó antes si fuere posible. Se
firmarán y sellarán cuatro ejemplares de este Tratado: uno para Su Majestad
Católica; otro para Su Majestad Marroquí otro que ha de quedar en poder del
Encargado de Negocios de España en Marruecos, y otro en manos del Ministro de
Negocios extranjeros de este reino, cuidando cada una de las dos Partes Contratantes de que se
observe con la mayor puntualidad,  cuanto contienen los artículos de que se compone.

En fe de lo cual los infrascritos Plenipotenciarios lo hemos firmado y sellado con nuestros sellos
respectivos en Madrid veinte de Noviembre del año de mil ochocientos sesenta y uno de la
era Cristiana, que corresponde al diez y siete de Chumeda la primera de mil doscientos setenta y
ocho de la Egira. 

(L. S.) SATURNINO CALDERON COLLANTES

(L. S). El Califa de nuestro Dueño el Príncipe de los creyentes (á quien Dios
favoreza). 
EL-ABBES hijo del Príncipe de los creyentes á quien Dios haya perdonado.)