Hacia el Desastre. Una conclusión

Las "victorias" que ponen fin a la campaña de Melilla y a la del Kert son, como hemos visto, escenas intermitentes de una guerra latente de acoso y desgaste, en la que ni rifeños ni españoles disponen de los medios para ponerle fin. "No es colonialista quien quiere, sino quien puede" , nos recuerda Martín (Martín, 1973, p. 40), y la España de la Restauración no fue consciente de ello cuando se prestó a ser el tapón al imperialismo francés el 1904 (acuerdo hispanofrancés) y el 1906 (Conferencia de Algeciras). Cuando en 27 de noviembre de 1912 Romanones (Canalejas es asesinado en octubre) firmó el Tratado con Francia que nos otorgaba el tan anhelado premio del Protectorado sobre la pequeña franja del Norte marroquí (exceptuando Tánger evidentemente) y unos kilómetros de arena del desierto en el sur, por todo aquello de las reivindicaciones históricas de la reina Isabel "la católica" 20, ya era tarde para retroceder. Nuestro prestigio de potencia, nuestros sueños de imperio, no podían ser puestos en duda.

Los combates de 1909 y 1912 fueron tan solo una premonición de problemas venideros, de errores repetidos, de catástrofes aún mayores. Pero, ¿qué hubiera podido suceder si Ameziane no hubiera muerto? Los rifeños demostraron a lo largo de toda la Campaña del Kert una capacidad de organización y de combate muy superior a la de 1909, que les permitía alargar la guerra frente a un enemigo con graves carencias materiales, logísticas y humanas, y con una situación en la metrópoli cada día más inestable. No sería aventurada la hipótesis de un Annual siete años antes, puesto que muchos de los elementos que posibilitaron aquel Desastre estaban ya presentes el 1912. De todas formas, habrá que esperar hasta 1921 para que el Desastre se consume. Estos 9 años fueron el tiempo que los rifeños necesitaron para encontrar un nuevo líder capaz de aunar a las cábilas en un movimiento colectivo vigoroso como el que Ameziane había puesto en pie. En este caso, mayor aún, si cabe.

La Campaña del Kert (1911 - 1912). Canalejas y los restos del imperialismo hispánico

La Semana Trágica y la represión que siguió (detenciones y ejecuciones, entre ellas la de Francisco Ferrer y Guardia, director de la Escuela Moderna) provocó la caída del gobierno Maura (octubre de 1909) y su substitución por el liberal Moret. Este pondrá fin a la campaña de Melilla y durante sus 6 meses de gobierno la cuestión de Marruecos se diluye.

En el Rif, por su parte, Ameziane dedicó todo el año 1910 y parte del siguiente a recomponer sus fuerzas pregonando incansablemente la jihad contra el invasor, reafirmando los lazos y la unión entre las cábilas , y reuniendo a su alrededor un verdadero ejército; en definitiva preparando la insurrección contra los españoles, que a su vez desarrollaban una intensa campaña política entre los notables rifeños, comprando lealtades y tejiendo las alianzas suficientes que les permitieran en un futuro imponer su influencia en el territorio.

Con la llegada de Canalejas al poder (mayo de 1910) la política marroquí se vió impulsada a un primer plano. Éste mantenía mejores relaciones con los militares que los conservadores "más antiexpansionistas y de mentalidad presupuestaria" (Payne, 1977, p.168), y al mismo tiempo se vió obligado a tomar decisiones por la intensa presión francesa, ahora sí decidida a terminar con la independencia marroquí. Así, cuando en mayo de 1911 Francia, escudándose en las revueltas antieuropeas que se producían en Fez y Meknes ocupó éstas y otras ciudades de Marruecos17, Canalejas respondió ocupando a su vez Larache y Alcazarquivir.

En España desde principios de mayo se sucedían las protestas contra la nueva intervención en Marruecos, y el 6 de agosto se produjo un frustrado motín a bordo del buque de guerra Numancia en el que se proclamó la República.

Pero Canalejas, cada vez más arrinconado internacionalmente por Francia y aún a riesgo de radicalizar a una opinión pública cada día más antibelicista decidió continuar la ofensiva para dejar bien clara cuál era la postura de España en Marruecos.

El avance hacia el río Kert (agosto 1912), al oeste de Melilla inició una nueva serie de combates que reciben el nombre de Campaña del Kert y que como los de 1909 son más operaciones de represalia que una verdadera campaña de ocupación, y que fueron recibidos en la Península con una serie de huelgas generales en diversas ciudades españolas durante el transcurso del mes de setiembre, mezcla del rechazo a la guerra y de reivindicaciones económicas.

La máquina militar española volvió a mostrarse impotente ante unas harkas móviles que asestaban golpes aquí y allá. Además, las fuerzas de Ameziane estaban más organizadas, mejor armadas y eran más numerosas que las de 1909. A lo largo de los dispersos combates que se fueron produciendo entre finales del año 1911 y principios de 1912 los españoles consiguieron asegurar una serie de posiciones sobre el territorio (Monte Arruit, Izhafan, Tauriat Zag, etc.) pero sin cruzar nunca el límite del río Kert que desemboca en el Mediterráneo, frontera infranqueable para los españoles. Todos los intentos de cruzarlo fueron rechazados por los rifeños. Además la situación de los españoles era difícil. Como en el Desastre de Annual, las posiciones estaban muy extendidas sobre el territorio y mal emplazadas, su defensa era difícil y el abastecimiento resultaba costoso.

Va a ser un hecho aislado, fortuito, el que ponga fin a los combates, más que la superioridad hispana. La muerte el 15 de mayo en una escaramuza del líder rifeño Mohamed Ameziane. Ameziane "era el hombre en que se encarnaba la necesidad de unidad y el espíritu ofensivo de las tribus" (Ayache, 1981,p.148). Con su desaparición los rifeños perdieron no sólo a su jefe, sino también el nexo imprescindible que garantizaba el equilibrio de componentes tan heterogéneos. La unidad de las cábilas estaba fundamentada en el consenso y el prestigio que emanaba del jerife, sin él, el movimiento, ahora acéfalo, se descompuso, y la lucha que hubiera podido durar mucho tiempo aún, finalizó.

Pero tampoco esta vez el gobierno y el ejército españoles supieron aprovechar la teórica ventaja que suponía la desintegración de las harkas rifeñas, desorientadas por la pérdida de su jefe, y frenaron bruscamente todas las operaciones. ¿La amenaza siempre presente de la insurrección peninsular? ¿Los elevados costos de proseguir una campaña que se había cobrado su buena porción del presupuesto del estado y un número elevado de vidas humanas? ¿La humillación de verse impotentes ante unos "campesinos primitivos" ? ¿O quizás un respiro antes de tener las manos libres con la instauración próxima del Protectorado?18

Sea lo que fuere los españoles se afanaron en firmar un acuerdo de paz con los jefes de las diversas cabilas, que pusiera fin momentáneo a los combates. El territorio efectivamente ocupado alrededor de Melilla era el doble respecto al de 1909, pero más allá del río Kert, el Rif (la mayor parte) continuaba libre.

Con la llegada del Protectorado se produjo un cambio en la estrategia de conquista. Vista la imposibilidad de una ocupación militar strictu sensu, e imitando el ejemplo de Lyautey en la zona francesa, se dió preeminencia a una acción política que fomentase la posición española entre los notables rifeños. Es lo que Ayache llama "el partido de los amigos de España" 19 (Ayache, 1981, p. 115-116), cuyo protagonismo se potenció considerablemente, y que tuvo como misión principal fomentar la pacificación del país (propagando la división interna, afianzando la presencia española, etc.). De todas formas todo este esfuerzo político fue un fracaso, como lo demostró el hecho de que al intensificar sus acciones en Marruecos y adentrarse en el Rif a partir de 1919, los españoles se encontraron de nuevo a las cábilas dispuestas a resistir, y, mas aún, a expulsarlos de su país.



EL DESASTRE

 Mausoleo a la memoria de las víctimas del desastre

En Mayo de 1.921, nadie hubiera podido predecir la hecatombe que se iba a cernir sobre el ejercito español en Marruecos tan solo dos meses después.

La penetración española había alcanzado los 130 Kms. hasta Buy Meyan y Annual. La Comandancia Militar de Melilla disponía de unos 25.700 efectivos, al menos sobre el papel (algunos de estos efectivos figuraban en los estadillos de las unidades con el único fin de generar devengos). Estos efectivos, que en principio, pudieran parecer suficientes para someter el territorio, en la práctica constituían un cuerpo enfermo, que adolecía de graves carencia, tanto de índole militar, como administrativas y políticas.

El ejercito se hallaba disperso en un total de ciento cuarenta y cuatro posiciones, los blocaos, la mayoría de los cuales se encontraban guarnecidos por un total de entre doce y veinte hombres. Aunque algunas posiciones como Batel, Dar Drius, Buy Mellan o Annual, sobrepasaban los ochocientos.

Las unidades tipo regimiento, también adolecían de graves defectos estructurales, estas se encontraban igualmente dispersas sin formar un todo. A veces entre una compañía y otra del mismo regimiento podía haber Kms. de distancia. Esto se materializaba en una carencia de jefes naturales. Esta falta de mandos naturales otras veces estaba producida por la simple ausencia física de estos, que se encontraban Melilla, con motivos justificados o no, o bien por encontrarse de permiso oficial en la península, como ocurrió con muchos de ellos los días 22 y 23 de Julio, tal y como queda acreditado en el Expedienté Picasso (Sumario de responsabilidades para esclarecer los hechos que dieron lugar al Desastre).

La ubicación de los blocaos era inapropiada, se construían, atendiendo a criterios políticos y no militares. Otras veces serán los propios nativos quienes soliciten y obtengan la creación de un blocao en el lugar por ellos designado, alegando la necesidad de protección frente a otras cábilas (tribus) no afectas a la causa española.

Al producirse el desastre, estas pequeñas posiciones, quedaran irremediablemente perdidas, al quedar sumergidas en un océano hostil, incomunicados entre ellos, sin posibilidad de ser socorridos y muchas veces sin acceso a una fuente de agua.

En lo político, se evitaba que el soldado europeo entrase en combate, pues las esquelas eran muy mal asumida por la opinión pública española y el fantasma de la Semana Trágica, quitaba el sueño a la clase política. Por lo que el peso de la campaña recaía sobre las tropas nativas, los regulares y la policía indígenas.Por lo general mal escogidos, tanto en su oficialidad (generalmente europea), como en su tropa. Según las conclusiones del ya citado Expedienté Picasso. Lo que se traducía en un soldado mal adiestrado y bajo de moral. Al producirse la deserción masiva de las tropas indígenas, que se pasaron al enemigo, el caos fue total y el terror, se apodero del soldado español.

Otro grave problema, era la corrupción casi generalizada en todo el ejercito y que iba desde el oficial que teniendo un sueldo de 500 pts al mes (este era el sueldo de un capitán en 1.921) tenía unos gastos de 15.000, hasta el recluta que vendía su munición a los futuros enemigos.

El 1 de Junio los españoles ponían cerco a Abarran en territorio Temsamaní, esa misma tarde la policía indígena se amotino, atacando a las fuerzas europeas de su misma columna, de los 250 efectivos europeos, 179 fueron muertos incluido el capitán Salafranca, jefe de la posición.

Abarran tras ser tomado sin oposición quedo cercado sin poder ser socorrido. Ese mismo día Sidi Dris en la costa tambien fue atacado, si bien pudo resistir gracias al auxilio de la Escuadra. Las bajas españolas entre muertos y heridos rondaron el centenar.

Estos hechos, fueron interpretado por el mando español, no como el prólogo de lo que había de suceder, sino como un episodio aislado, un traspiés, de los que todas las potencias coloniales habían tenido alguna experiencia. Esta fue la idea que el General Silvestre transmito a Berenguer, su superior, a bordo del crucero Princesa de Asturias, en la entrevista que ambos celebraron en aguas de Alhucema el 5 de Junio.

El 17 de Julio, las harkas (partidas de guerreros) de Beniurriaguel, Ammart, Beni Tuzin, Gueznaya, Targuit y Ketama, lanzan un repentino ataque a lo largo de toda la línea española. Mientras tanto Berenguer, declaraba al diario El Sol, que la pacificación de Marruecos se realizaba con éxito y que no era menester el envío de nuevas tropas.

Por su parte el informe mensual de Silvestre a Berenguer, solo llevaba información rutinaria.

Berenguer solo se percató de la situación real cuando el 19 de julio, recibió el primero de una serie de telegramas angustiosos, pidiendo refuerzos, un ataque de distracción de la Armada en Sidi Dris y apoyo aéreo.

Igueriben había quedado cercado, sin posibilidad de socorro, una columna de 3.000 hombres que pretendían liberar a los sitiados, había sido frenada sin conseguir su objetivo, perdiendo 152 hombres en dos horas.

La sed torturo a los sitiados, primero bebieron el jugo de las latas de conserva, después la tinta de los escribientes, y finalmente la propia orina, en la que disolvían azúcar y refrescaban al relente de la noche. Como en tantas otras posiciones, no se había tenido en cuenta la localización del agua, la fuente más cercana estaba en Annual a 5 Kms.

De los 800 hombres que componían la guarnición, la mayoría fueron pasados a cuchillo, incluido el heroico Comandante Benitez, jefe de la posición. Solo 25 supervivientes llegaron a Annual, de los que 16 murieron más tarde víctimas del agotamiento y el chock que muchos sufrieron al beber de golpe gran cantidad de agua.

La caída de Igueriben, convirtió a Annual en una posición indefendible. Silvestre convoco a sus oficiales en asamblea, las municiones escaseaban y se acordó la evacuación.

A las 4,55 horas del día 22 Silvestre mandó un último telegrama, anunciando que se replegaba hacia Ben-Tieb, si le era posible.

Iniciada la retirada, pronto se produjo la desbandada en el ejercito, la disciplina militar, dejo sitio al "sálvese quien pueda".

En la tormenta, sucumbieron Silvestre, el Coronel Morales (Jefe de la Policía indígena) y el resto del Estado Mayor.

Las dudas sobre el final del General aun no se han despejado, según unos murió en la batalla, según otros se suicido. Personalmente, pienso que se suicido, así me lo hace pensar, tanto las declaraciones de varios testigos, que aseguran haber oído un disparo dentro de la tienda donde se encontraba el general al empezar la evacuación, como el carácter del propio general, Silvestre prefería la muerte al deshonor.

Abd-el-Krim honró la memoria del coronel Morales, entregando su cuerpo a los españoles, sin exigir rescate. Entre ambos existió una amistad, de cuando Abd-el-Krim era subordinado de Morales en la Oficina de Asuntos Indígenas.

La avalancha humana, se derramó por el desfiladero de Izumar, los moros solo tenían que disparar como en una caseta de feria contra la aterrada desbandada.

Cuando los escasos supervivientes contactaron con la retaguardia, el pánico se extendió, tanto por la evidente desmoralización de los derrotados, como por los horrores que contaban.

La derrota de Annual, provocó la defección del resto de la cábilas, que hasta ese momento eran afectas a la causa española, y que se unieron a los rebeldes espoleados por la idea de venganza y las ansias de botín.

Los pequeños blocaos, quedaron sumergidos en un mar de enemigos.

Mercaderes, soldados, colonos, todos huían en dirección a Melilla. Los enfermos, los agotados, eran abandonados a la furia de los cabileños. Las posiciones de Buy Meyan, Izumar, y Yebel Ubdia fueron barridas. En Ulad Aisa, Dar Haes Busian y Terbibin, las guarniciones fueron asesinadas.

La guarnición de Dar Quebdana, negocio la capitulación, tras la entrega de las armas, fueron descuartizados con toda crueldad. La de Timyast y Sidi Abdallah huyeron hacía Tizi Johoren, pero todos fueron abatidos en la huida.

Los supervivientes de Ras Tikerman, Tisingar y Ain Mesanda, escaparon en dirección a Sbush Sbash, donde muy pocos sobrevivieron al posterior ataque rifeño.

En Kandusi, Buhafora, Azru e Ishafen, no hubo supervivientes.

Las tropas indígenas en Yart el Bax, después de degollar a sus oficiales, se pasaron al enemigo.

En Ben Tieb, la guarnición después de destruir el polvorín huyó a Dar Drius, donde el General Navarro, 2º en el mando intentaba organizar las aterradas tropas que de todas partes acudían. Navarro sopesó la posibilidad de resistir en Dar Drius, pero en vista de las condiciones físicas y mentales de los que se unían a sus fuerzas, decidió retirarse en dirección a Melilla, de donde debería llegar el socorro, si llegaba, fatal error. Pues en Dar Drius, hubiera podido alcanzar la costa, donde hubiera podido recibir socorro de la armada.

General Navarro - 2º Jefe de

la Comandancia Gral. de Melilla

General Berenguer.

Alto Comisario

El 23 de Julio, Navarro inicia su periplo a través de la llanura de Garet, Batel, el 27 Tistutin, para llegar el 29 a Monte Arruit. En esta retirada se destacó el regimiento de caballería, Cazadores de Alcántara, que realizo varias cargas al sable, chocando con la caballería enemiga de Metalsa, ahora protegiendo los flancos de la riada de cadáveres vivientes en que se había convertido la columna de Navarro, ahora protegiendo la retaguardia. Así combatieron los cazadores de Alcántara, hasta el total extermino del regimiento. Sin caballos y casi sin efectivos, Alcántara dio su última carga a pie. Su jefe el Tte.Col. Fernando Primo de Rivera (primo del que seria dictador), moriría en Monte Arruit, víctima de la gangrena después de habérsele amputado en vivo un brazo.

El regimiento Alcántara, recibió por ésta acción la Laureada Colectiva. De los 695 efectivos (presentes) del regimiento, sólo quedaron 70 heridos y 5 prisioneros.

 También destacó en ésta acción el Cptán. Arenas, en torno a su persona se fue formando una fuerza de soldados de diferentes unidades, ingenieros, sanitarios, artilleros, infantes, que no estaban dispuestos a dejarse matar sin combatir, eran la excepción.

Arenas cayó mortalmente herido por un francotirador en las proximidades de Monte Arruit. Sus hombres llevaron su cadáver hasta Navarro exigiendo para él la Laureada, que le seria concedida a título póstumo.

Targuesit cayó el 23. La guarnición de Sidi Dris consiguió abrir una brecha para llegar a los buques de la Armada que habían acudido en su socorro. Sólo unos pocos lo consiguieron. Más suerte tuvieron los de Afrau, que al estar en la costa pudo ser evacuado por mar.

El destacamento de Zoco El-Telata de Metalsa, consiguió llegar a la zona francesa, aunque sólo un tercio de los efectivos llego ileso.

 

El 2 de Agosto cayó Nador, esto sentenciaba Zeluan y Monte Arruit.

Zeluan caía el 3 y más de 500 persona fueron brutalmente asesinadas. El Cptan. Carrasco y el Tte. Fernandez, sufrieron uno de los suplicios que los rifeños daban a los prisioneros. Fueron amordazados y atados juntos, tiroteados y finalmente quemados vivos delante del resto de los prisioneros.

Navarro se fortifico en Monte Arruit, negándose a abandonar a los heridos, sentencio a muerte a los suyos.

Las fuerzas de Navarro se hallaban tan abatidas, que no podían ser considerada una fuerza combatiente.

De nuevo se repite la tortura de Igueriben, la sed, el manantial más cercano, está a 500 m. fuera de la protección de los muros. Las compañías se sortean la mala fortuna de tener que hacer las aguadas. El agua, siempre el agua, que se cambia por sangre, finalmente, se dejan de hacer las aguadas, el enemigo cierra el cerco de tal forma que ya no hay manera de hacer una miserable incursión de 500 metros. Se intenta el abastecimiento desde el aire, aviones procedentes de Melilla, arrojan bloques de hielo, sacos de pan y municiones, pero las municiones quedan inservibles, el impacto deforma las vainas, que ya no se pueden utilizar, el hielo y el pan caen casi siempre en el campo enemigo.

Navarro es autorizado a rendirse, lo que hace el 9 de Agosto, de conformidad con lo pactado los españoles entregan las armas, tan pronto como lo hicieron, los rifeños comienzan la matanza.

El gral. Navarro junto con seiscientos hombres según David S. Woolman, bastantes menos según otros autores, fueron hechos prisiones, otros dos mil quinientos quedaron para pacto de los carroñeros, " los buitres sólo comían de comandante para arriba" dice Manuel Leguineche, poniéndolo en boca de uno de los testigos del Expte. Picasso.

Tras la caída de Monte Arruit, sólo quedaba Melilla, a la que confluían riadas de refugiados y sobrevivientes del ejércitos aterrorizado, muchos con las facultades mentales perturbadas.

Sólo la cábila de Beni Sicar, permaneció leal a España. Su Caid; Sidi Abdelkader, demostró ser un fiel aliado y un hombre de palabra, reteniendo las alturas del Zoco El-Had en manos amigas, su defección, hubiera sido fatal para la plaza, pues desde Zoco El-Had, las primeras líneas defensivas de Melilla quedaban enfiladas a tiro de fusil.

Hace algunos años el Consistorio Municipal puso el nombre de calle de Sidi Abdelkader a la antigua calle de Arturo Reyes en el centro de la ciudad, una de las principales.

Los Rifeños Los Abd-Elkrim Fernandez Silvestre Despues del Desastre

Ameziane Bereber